Magnetita artificial

Muchas armas de hierro fabricadas en la Península Ibérica durante los siglos previos a la dominación romana presentan acabados superficiales de magnetita artificial. Gracias a las excelentes propiedades anticorrosivas de las películas formadas se han conservado buenos ejemplares donde reconocer las características de estos recubrimientos. Pese a ello apenas hay referencias en la literatura especializada ni se menciona en las intervenciones de restauración, en parte quizá por su confusión con las superficies que presentan magnetitas naturales formadas por fenómenos de corrosión, lo que dificultaría su identificación y comprometería su conservación posterior.

El primer reconocimiento de la presencia de oscurecimientos de la superficie del hierro mediante recubrimientos compactos de magnetita, del que tengamos constancia, se debe a un interesante trabajo de Coghlan, quien recogía el análisis de una falcata y un puñal ibérico de procedencia andaluza depositados en el Ashmolean Museum de Oxford.

Coghlan describe la película superficial que observa en estos dos ejemplares “the whole surface to be coated with a heavy layer of blue-black magnetite scale showing a marked layered structure”. El autor cree probable que se formara a partir de un proceso intencionado de recocido (annealing), aunque más adelante parece albergar alguna duda y se refiere al recubrimiento sólo como “apparenty artificially patinated”. Colghan también recoge en su análisis un puñal de antenas atrofiadas en el que encuentra el mismo tipo de recubrimiento de magnetita-wustita, y que responde al tipo de Alcacer do Sal, (Quesada IIA).

Es posible que este estudio cayera en el olvido o no obtuviera nunca la suficiente atención, pero no conocemos ningún trabajo posterior dedicado a la metalurgia o al armamento prerromano de la península Ibérica, que vuelva a dar constancia expresa de estas pátinas de magnetita artificial, salvo las referencias al mismo realizadas por F. Quesada, aunque sin reconocer su caracterización en nuevos ejemplares, y dos artículos de M. Sierra Montesinos.

En uno de los trabajos, Sierra Montesinos presenta un excelente ejemplar de puñal de frontón exento (Pinos Puente, Granada), que conserva una superficie casi exenta de productos de corrosión que el autor ya interpreta como pátina artificial de magnetita; en el otro se describe un conjunto procedente de la necrópolis ibérica de Torremorana (Baena, Córdoba) en una de cuyas piezas identifica este acabado.

Una razón que podría explicar la ausencia de otras constataciones de este tipo de recubrimientos puede estar en el hecho de que, siendo la magnetita un producto de corrosión habitual en los hierros de procedencia arqueológica, no sería fácil distinguir su origen natural o artificial. Lo cierto es que hoy contamos con evidencias suficientes que confirman de manera incuestionable la hipótesis de Coghlan, y además permiten caracterizar y reconocer estos acabados en un significativo número de ejemplares y variantes tipológicas del armamento prerromano peninsular.

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